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La persona que se forma. Desarrollo Personal y Profesional (DPP)

Pilar Fernández Inteligencia emocional

El trabajo se hace cada día más difícil y complejo y su alternativa es la Inteligencia Emocional orientada a un mayor y mejor desarrollo personal y profesional.

Este Desarrollo Personal y Profesional, de ahora en adelante DPP no es una consecuencia gratuita, que sólo venga por el transcurrir del tiempo, es decir, por el mero hecho de vivir y ejercer una profesión adquiriendo experiencia sin influir en la orientación de la misma.

Mi definición de DPP sería: el desarrollo profesional es una consecuencia directa del desarrollo personal y la consolidación de una toma de conciencia amplia y completa que se adquiere a través del desarrollo continuo y permanente de la inteligencia emocional, ello implicará un interés permanente de superación y mejora en todos los ámbitos, personal, profesional, como padres, como amigos, etc. y en definitiva de la sociedad. Bajo mi punto de vista es esta la mayor responsabilidad de la persona, y por tanto las variables personales, las vivencias de la persona y sobre todo la Inteligencia Emocional serán impulsoras o inhibidoras del DPP.

“El desarrollo profesional es una consecuencia directa del desarrollo personal”.

Bases del Desarrollo Personal y Profesional:
  1. Madurez personal: El desarrollo profesional exige el desarrollo humano. La madurez personal se considera vector de formación en todas las edades y profesiones.
  2. Motivación: Los proyectos que más pueden incidir en el desarrollo personal y profesional percibidos desde la propia persona son: su proyecto de vida, su proyecto profesional, la mejora de los climas sociales de sus entornos, los proyectos actuales o futuros de innovación y esencialmente o sobre todo la construcción de un buen estado y equilibrio emocional.
  3. Formación continua y autoconocimiento: la formación de las personas no puede basarse sólo en los aspectos cognitivos o en destrezas comportamentales (destrezas para la elaboración de proyectos, nuevas tecnologías, investigación, trabajo en equipo, actualización científica, etc. ya que tienen utilidad limitada sujeta al tiempo y los contextos: los tiempos cambian, las personas, las organizaciones y las situaciones cambian), sino que es también una cuestión de afectividad, de actitudes, valores, personalidades seguras de sí mismas, capaces de innovar porque son capaces de criticarse a sí mismas y asumir las críticas sin sentirse amenazadas, capaces de asumir el riesgo que supone dejar los caminos ya conocidos y emprender otros nuevos. Todo esto tiene que ver con las tristemente desconocidas competencias emocionales como autoconocimiento, autoregulación, automotivación, actitudes de apertura, asertividad, empatía y con habilidades sociales.
  4. Cultura de colaboración: sólo si la colaboración se desarrolla a nivel personal, aprendiendo a pedir apoyo y a apoyar a los demás podrá favorecerse en la empresa desde la coherencia, es decir la cultura de colaboración en las empresas dependerá tanto de variables personales como del clima social de la organización. La actitud, el autoconocimiento, la voluntad de mejorar, reflexionar, con cierto grado de utopía, una confianza básica en las personas con las que se interactúa, una actitud crítica, una dirección democrática y participativa de liderazgo y una visión compartida facilitarán la tan ansiada colaboración.
  5. Innovación y cambio: Innovación = creatividad aplicada. La triada creatividad – innovación – cambio se convierte en unidad deseable e inseparable. La formación continua y la innovación y el cambio son dos caras de una misma moneda, cuyo canto podría ser el Desarrollo Personal y Profesional (la formación continua favorecerá el DPP y esto generará innovación y cambio).

“Todo gira en torno a la formación y madurez personal como vías para alcanzar el DPP”.

El vínculo entre formación y DPP resulta natural, espontáneo entre la persona y el profesional que en la actualidad se es y el que se podría llegar a ser, desde sus circunstancias. Como hemos visto todo gira en torno a la formación y madurez personal como vías para alcanzar el DPP. La madurez personal, por su complejidad y su importancia es necesario estudiarla de una manera más extensa.

Para mí madurez supone reflexionar sobre la autocrítica, la autoestima, la serenidad, el respeto, la responsabilidad, la prudencia, el nivel de frustración, el proyecto de vida, el olvido de sí, la enfermedad, la paciencia, la capacidad de esperar, entre la apertura a los demás y la mala comunicación, etc. En tiempos en que en la formación de la persona se carecen de espacios curriculares tendientes a desarrollar además del intelecto la inteligencia emocional de la persona que nos facilite el camino a esa madurez personal, hay que por lo menos hacer recapacitar y pensar sobre la solidaridad, la humildad, la coherencia, la honestidad, el compromiso, la regulación emocional, la agresividad, el diálogo, los enfados, la dimensión ética, el quejismo, el sentido del humor, el propósito de nuestra vida, etc. y sobre todo como perjudicante de estos el egocentrismo.

Me parece muy buena idea lo que se plantea como un ejercicio muy bueno el valorar de 1 a 5 estos conceptos y características anteriores en uno mismo para evaluarnos en cuanto a madurez personal se refiere.

“Para mí madurez supone reflexionar sobre la autocrítica, la autoestima, la serenidad, el respeto, la responsabilidad, la prudencia, el nivel de frustración, el proyecto de vida, el olvido de sí, la enfermedad, la paciencia, la capacidad de esperar, entre la apertura a los demás y la mala comunicación, etc.”

En conclusión el mejor regalo que podemos hacernos y hacerle a los demás es enseñarles madurez personal y también lo contrario inmadurez personal dónde la mayoría de lo que contiene proviene del egocentrismo.

Una vez que analizas qué manifestaciones o expresiones de tu ego estás dejando campar a sus anchas en tu vida, con o contra tus hijos, tu pareja, compañeros, padres, etc. puedes llegar a ver o diferenciar entre una vida egocéntrica o inmadura fundamentada en una generosidad reducida, selectiva y restringida, en una conciencia también reducida, un conocimiento parcial de ti mismo, reflexión inmadura por poca o nada de autocrítica por lo tanto no rectificas, etc. y una vida rica y plena, que por el contrario se fundamenta en una gran generosidad y amor, interés por mejorar y esfuerzo en rectificar para vivir y ayudar mejor, por lo tanto mayor complejidad de conciencia que genere capacidad de transformación a una mejor persona y a un mejor conocimiento indagatorio de nuestro ego o ser limitante con el consecutivo aniquilamiento del mismo a través de la autocrítica, autoanálisis, autoconocimiento…..

…AUTOCREACIÓN, que nos lleve a lo que las personas realmente queremos:

  • Queremos encontrar una nueva manera de convivir que nos permita sentirnos a gusto con nosotros mismos y ayudar a las personas a aceptarse también como son.
  • Queremos encontrar una manera de vivir sin culpas ni recriminaciones.
  • Queremos encontrar una manera de sensibilizarnos a las emociones.
  • Queremos encontrar una manera de expresar nuestra irritación y nuestra ira sin dañar a nadie.
  • Queremos encontrar una manera de respetar las necesidades de nuestros hijos y de ser igualmente respetuosos con las nuestras.
  • Queremos encontrar una manera de propiciar que nuestros hijos sean solidarios y responsables.
  • Queremos, en suma, romper el ciclo de conversaciones superfluas que nos han transmitido y ofrecer a nuestros hijos un legado distinto: un modo de comunicarse que puedan utilizar el resto de sus vidas con sus amigos, sus colegas, sus padres, sus parejas y algún día con sus hijos.

Atrévete a descubrir más.


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Autora del blog

Soy Pilar Fernández maestra de emociones y autora de Live it! una formación sobre inteligencia emocional práctica, útil y con los pies en la tierra. Mi misión es enseñarte a abordar correctamente tus emociones para que tomes las riendas de tu vida. Creo que nadie debería sufrir, perder oportunidades, ni verse sólo por no saber hacerlo.